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Las dos realidades

escrito el 14 de Febrero de 2010 por en Filosofía

– Está frío.
– Está caliente.
– Está templado.

Tres opiniones sobre la misma realidad. Tres realidades expresadas en tres opiniones. Cuatro realidades. Porque hay realidad y “realidad”, igual que hay objetivismo y subjetivismo.

Hoy os quería hablar de una idea que me surgió mientras hacía un trabajo de filosofía, y es la posibilidad de la existencia de dos realidad: la realidad y mi realidad.
Muchos filósofos han hablado de la subjetividad de la realidad. Un buen ejemplo es Kant, que afirmó que la realidad se adapta a unos mecanismos o formas a priori para percibirla. Es decir, que la realidad no es una “realidad” común, sino que cada uno tenemos nuestra forma de ver la realidad. Nuestra realidad.

Sin embargo, aunque es una teoría razonable y con la que estoy bastante de acuerdo, a mi se me ocurre otra posibilidad: darle una dualidad a la realidad. Es decir, que no hay una realidad, sino dos.

La primera realidad es lo que yo entiendo por “la realidad”, es decir, todo lo que me rodea. Para interactuar con esa realidad uso mis sentidos externos: gusto, oído, olfato, vista, tacto. Mi razón simplemente procesa lo que recibe de esa realidad a través de lo sentidos y da órdenes a mi cuerpo para que se relacione.

La otra realidad la he denominado como “mi realidad”. Es algo que existe en mi, que no es definido, pero que tampoco es falso. Está compuesta por mis recuerdos, mis ideas, mis sensaciones. Mis principales herramientas aquí son mi imaginación y mi razón. En mi realidad pueden existir cosas sin correspondencias con la realidad, pero es raro que se de el caso contrario.

De “mi realidad” a “la realidad” puede producirse una manifiestación, pero solo en ese sentido. Es decir, cosas que existen en mi interior pueden manifestarse en el exterior. Mis ideas de inventos pueden ser sacadas como objetos reales si yo los construyo. Y no solo eso, sino que nuestra realidad interior puede influir en nuestra forma de ver la exterior (nuestras actitudes y pensamientos son distintos del vecino).

Lo curioso de este asunto es que, según mi teoría, cada cual vive en dos realidades, pero solo compartimos una. La otra es personal e intransferible, perteneciente a cada uno. Y, por si fuera poco, de esa realidad subjetiva podemos obtener ideas y manifestarlas en la otra realidad, así como mecanismos (actitudes) que nos hacen ver la realidad de otra forma.

¿A dónde me lleva todo esto?

Realmente, no lo sé.


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FAQ + Índice: Todos Filosentes

escrito el 12 de Febrero de 2010 por en Todos Filosentes

Como me gusta iniciar las cosas con buen pie, aprovecho y, como excepción, hago entrada doble hoy (si, no has visto la otra…) para explicaros un poco más de que va el “Todos Filosentes”.

Básicamente, es una propuesta que os hago de que me dejéis reflexiones filosóficas sobre lo que queráis. Se acepta cualquier tema.

¿Cómo me las podéis enviar? Pues por e-mail a filosente@hotmail.com.Simplemente, ponéis de asunto “Todos Filosentes” y dentro del mensaje lo que queráis más vuestra reflexión. Eso si, hay que tener en cuenta unas cosillas:

1) Identifícate. Usa motes, nicks extraños, secuencias númericas, medidas… Pero haz el favor de darme alguna seña de identidad. No queremos que el omnipotente Anónimo se lleve más méritos no merecidos.
2) Todo lo que envíes y se publique se verá por triplicado. Es decir, será puesto en Filosente Blogger, Filosente Aprender a Pensar y Filosente Pkstation.
3) Mejor con buena ortografía. Ya bastante le sangran los ojos a los internautas con las redes sociales para que se los fastidiemos mal.
4) Las reflexiones no tiene por que ser…
– En PC: si escaneas el trabajo que le entregaste ayer al profesor de filosofía y tu letra se entiende, lo pasaré a PC o lo dejaré en foto, según me digas.
– Largas/cortas: si tienes ganas de escribir, no te cortes. Si tan solo es una frase que trata de hacer pensar, también vale.
– Sobre algo publicado ya en Filosente: cualquier temática es cualquier temática. Si quieres hablar de algo ya publicado dando un punto de vista seguramente mejor argumentado que el mío, adelante. Si es algo novedoso, ¡envíamelo!
5) Respeto: aunque no me pienso responsabilizar de ninguna opinión vuestra, no estaría de más que guardaras cierto respeto al escribir.
6) Diviértete: ¿quién dice que el hacer filosofía tenga que ser aburrido? Habla de temas que te gusten y como te guste y verás lo que digo. ¿Por qué crees que llevo ya cuatro meses de blog?

Para acabar, dejo un índice con todas las reflexiones que me habéis envíado:

Índice de reflexiones
Ninguna de momento.

Y recordad: aunque haya gente que crea no poder hacer filosofía, todos podemos, al menos, intentarlo.


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Felicidad y ser feliz

escrito el 9 de Febrero de 2010 por en Filosofía

– Si le pudieras pedir un deseo a un genio… ¿qué sería?
– Ser absoluta y eternamente feliz.

Con estas “verbas” (¡vivan las gallegadas!) de mi camarada Zosken Kosen empiezo la entrada de hoy sobre la felicidad.

Como siempre, Kosen me la ha liado. Me he pasado por su blog en PKS (tenéis en enlace en su nombre, más arriba) y me he encontrado con una entrada filosófica sobre la felicidad. Y claro, como no, mi cerebro tenía que ponerse a “pensar” y decidir que él también tenía una definición de felicidad… Y no os lo perdáis, que fue la muy jo…robada de mi materia gris y le manda a mis dedos escribir un comentario y una entrada filosóficas sobre el tema… ¡EL MISMO DÍA!

Fuera bromas malas, me gusto bastante el enfoque que le dio a la felicidad. Para los que no queráis leeros su entrada entera y en un vil intento de reducirle visitas os pongo aquí como la catalogó él: la felicidad es un sentimiento relativo y subjetivo de cada persona marcado por las circunstancias del pasado, y sobretodo, del presente.

Sigo diciendo que me parece una afirmación con cabeza, pero se me ocurre otro enfoque: no definir la felicidadcomo sentimiento. Creo que se puede diferenciar el sentimiento “estar feliz”, que es un estado anímico, de la felicidad, que la considero una “posesión”,una posesión abstracta,que se puede obtener e, incluso, medir. Obviamente, tú nunca le dirás a nadie “¿cuantos metros eres feliz?”, pero no es tan descabellado decir que te sientes más o menos feliz. A mi me puede alegrar, me pueda dar felicidad, por ejemplo, que mi blog reciba 200 visitas a la hora [S]actualmente solo son 199 v/h[/S], pero me pondría más feliz recibir el doble o el triple.

También variaría lo de “marcado por circunstancias del pasado y el presente”. Lo que más te va a influir es el presente y el pasado más reciente. Bien cierto es que un suceso triste te puede entristecer y un suceso alegra te puede aportar felicidad, pero obviamente te influirá más en el momento en que te ocurra.

Es decir, que yo, personalmente, definiría felicidad como una “posesión abstracta que provoca un sentimiento de alegría y bienestar, relacionada de forma directa con los sucesos más recientes y marcada, de forma menos determinante, por otras condiciones, como puede ser el pasado más lejano”. Y además, le añadiría: “el hombre busca esta posesión como bien último y razón final de su existencia terrenal”

Aunque bueno, bien se sabe que, en Filosofía, todos tenemos el beneficio de la duda (de dudar que se equivoca el vecino) por aquello de que hay tantas filosofías como Filosentes y Filósofos.


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Piensa en positivo

escrito el 7 de Febrero de 2010 por en Filosofía

No es cosa buena desconectarse totalmente de la realidad, pero tampoco es prudente hacer caso a todo lo que percibimos con nuestros sentidos.

Con la lección de filosofía de hoy aún fresca, quería hablaros de un pensamiento filosófico que me ha resultado bastante particular: el positivismo.
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Recopilación: el conocimiento

escrito el 6 de Febrero de 2010 por en Filosofía

Estos días no he podido escribir mucho porque he estado muy ocupado. De hecho, escribir esto me ha llevado dos días, de ahí que ayer no escribiera nada. Os lo dejo para que opinéis.

Lunes 8. Esa es la fecha clave, en la que dispondré de 50 minutos para demostrar que he estado atendiendo todo lo que va de curso en clase. Y es que ese día tendré que hacer, en menos de una hora, un trabajo expresando mi opinión acerca del tema central de la evaluación pasada: “¿Qué puedo saber? El conocimiento”.

Como borrador me he decidido a escribir una entrada en Filosente. Será bastante más seria de lo normal eso es, sin usar tachaduras, así que aviso, que el que avisa…

En fin, allá vamos con el conocimiento

Normalmente, el clase solemos tratar temas que, siendo más o menos concretos, tienen una esencia sencilla de captar y en la que te puedes basar para construir tus teorías. Sin embargo, este no es el caso. ¿Cómo voy a resumir todo lo que he dado de filosofía en uno o dos folios y en 50 minutos?

Me parece que lo más sencillo para empezar es definir el conocimiento. Según la Wikipedia, es un “saber que se consigue mediante la experiencia personal, la observación o el estudio”. Podríamos decir que tú conoces algo cuando, tras observarlo, experimentarlo o estudiarlo.

Sin embargo, me parece que esta definición abarca poco. Quiero decir, esta definición es claramente empirista. Me sé de un filósofo griego cuyo nombre empieza por “A” y acaba por “s” que estaría totalmente de acuerdo con esa definición, aunque otro conocido como Platón estaría totalmente en contra. El pensaba que las cosas las conocemos antes de nacer debido a que nuestra alma provenía del mundo de las Ideas, donde pudo conocer la Idea de todo…

Y eso no es todo: esa definición no concuerda con lo que, para mi es conocimiento. Ahora bien, ¿qué es para mi el conocimiento?

Esta pregunta creo que es bastante importante. Para mi es el conjunto de datos acerca de algo, existente o no, que obtenemos con la ayuda de nuestra razón, nuestra imaginación y nuestros sentidos.

Ya sé lo que es el conocimiento. Ahora, la pregunta es: ¿qué puedo conocer? ¿Cuánto puedo conocer?

Yo creo que los seres humanos tenemos potencial para conocer cualquier cosa. ¿Por qué? Básicamente, por uno de los elementos que conforman, para mi, las formas de obtener conocimientos: la imaginación. La imaginación tiene infinitas posibilidades de crear nuevas ideas y, en mi opinión, ningún conocimiento debería ser considerado incorrecto hasta que se haya probado su erroneidad. Además, incluso en caso de que sean conocimientos inexactos, errónes y puedan causar daño, es importante conocerlos para evitar los efectos negativos de ignorarlos.

En cuanto a la cantidad de cosas que podemos conocer, creo que van a estar delimitadas más que nada por varios factores, como pueden ser donde y como vivimos, nuestra religión, nuestra forma de pensar, el tiempo que vivamos… Generalmente, una persona de mentalidad abierta, que por su clase social tenga la oportunidad de viajar mucho y sea feligresa de una religión no fanática podrá conocer más cosas que una persona que sea justamente al contrario.

Dos elementos importantes de la cantidad de cosas que puedo saber son la duda y el asombro. Si yo me quedo asombrado por algo que veo, normalmente será porque no lo puedo explicar, lo cual provoca en mi una duda. Al tener una duda, lo normal es tratar de solucionarla, lo cual te llevará a un saber nuevo. Como decía aquel viejo proverbio que me recordó mi profesor de filosofía “Gran duda, gran iluminación. Pequeña duda, pequeña iluminación. Ninguna duda, ninguna iluminación”.

Una pequeña mención a la expresión “saber de más”: nunca sabes de más en relación con tus intereses, pero puede que, a veces, conozcas de cosas que otros preferirías que no supieran. No te limites a saber nada cuando tienes la oportunidad de conocer un poco.

Vale, ya hemos dicho qué es el conocimiento, qué puedo saber y cuánto puedo saber.  Ahora, otro punto importante: ¿cómo puedo conocer cosas?

Arriba comenté dos puntos importantes para responder a esta pregunta. Para empezar, creo que podemos llegar a conocer cualquier cosa por nosotros mismos, aunque a la humanidad le interesa que cada persona descubra la mayor cantidad de cosas nuevas posible. De ahí que muchos de los conocimientos que obtenemos provienen de otras personas: padres, profesores, amigos… De todas formas, yo me quiero centrar en lo como puede llegar a conocer cosas una persona por uno mismo.

Ya he mencionado arriba que, para conocer u obtener conocimientos, creo que la imaginación juega un papel importante. La posibilidad de poder crear miles de hipótesis de forma sencilla es algo de un valor tan enorme que no lo valoramos. Cierra los ojos y deja volar tu imaginación una tarde entera y es posible que llegues a conclusiones que, de otra forma, te costaría alcanzar.

Pero obviamente no vivimos solo de ilusiones y tendemos a querer comprobar nuestra ideas. Para ello tenemos a la razón y a los sentidos.

Los sentidos nos permiten relacionarnos con lo que nos rodea y con nosotros mismos. Tacto, gusto, oído, olfato y vista nos ayudan a percibir nuestro cuerpo y nuestro entorno. Con esas interacciones conseguimos información que tendemos a dar por cierta sin plantearnos, si quiera, que ese material que recibimos de fuera está distorsionado. Y es que aquí coincido con Kant al pensar que tenemos mecanismos que adaptan la realidad a unas forma que tenemos de percibirla, pero no considero, como él, que tenemos algunos fijos. Yo creo que esos mecanismos (a los que podemos llamar “prejuicios”) son variables y modificables a lo alrgo del tiempo. Por ejemplo, supongamos que yo ahora pienso que todo los ancianos son inútiles (no es el caso, pero me parece ilustrativo ya que hay gente que piensa así). Cada vez que vea a un anciano, mi mente pensará en una persona inútil, aunque puede resultar que ese hombre tiene un doctorado en lo que sea y una fuerza con la que es capaz de levantar a una vaca. Sin embargo, es probable que cambie de idea si un día un jubilado me salva la vida.

Bueno, entonces tenemos la imaginación, que nos permite crear hipótesis e ideas de cualquier tipo y cuyo potencial es ilimitado y los sentidos, que nos permiten relacionarnos con nuestro entorno. El otro método para conocer es, para mi, la razón.

La razón se alimenta de lo obtenido por las otras dos (estímulos de los sentidos e hipótesis de la imaginación). También tiene esos “mecanismos” o ideas preconcebidas en cuanto a la obtención de material sensitivo.

La función de la razón es trabajar con esos dos materiales para dar forma a teorías. Es decir, nosotros tenemos una idea (la “imaginamos”) y, con el material del exterior, le damos forma a una teoría (o construcción mental/racional). Esas teorías nos permitirán ampliar o mejorar los mecanismos que tenemos para percibir el mundo y nos dan nuevas bases para dar rienda suelta a nuestra imaginación. La razón depende de los sentidos y la imaginación para existir y sentidos e imaginación requieren de la razón para abrir nuevas fronteras.

Qué es el saber, qué puedo saber, cuánto puedo saber y cómo lo puedo saber. ¿Qué más podría mencionar? Pues… ¿qué valor tienen los saberes? ¿valen todos los saberes lo mismo?


Para mi, no todos los saberes tienen el mismo valor, pero todo saber vale algo, es decir, no existe ningún saber prescindible. Obviamente, le daré más valor a un saber que me permita salvar una vida que otro que me ayude a conocer la dirección a la que he de girar la llave para abrir la puerta de la casa del vecino. Sin embargo, como mencioné arriba, ningún saber debería ser descartado. Es decir, puede que yo sepa como matar a alguien en menos de tres movimientos, pero quizá el no saberlo acabaría en mi muerte por no darme cuenta de que el hombre que tenía delante en aquel callejón oscuro quizá no estuviera bailando una danza oriental.


Además, y esto como hipótesis que me he imaginado hace poco tras leer algo de las teorías de que todo tiene su contrario, se me ocurre que cada saber tiene otro que sirve para negarlo. Es decir, yo puedo saber como encender el ordenador y saber como apagarlo. Al igual que si se como dañar a una persona, es posible que exista un saber que me permita halagarla. Lo mismo sería equivalente para el caso de arriba: puedo saber matar a alguien en tres golpes y, gracias a ese saber, conocer la manera de defenderme de ese ataque.

Para darle un valor a un saber, me voy a basar en una teoría que creo que también era kantiana, y es pensar en cuanto bien y a cuanta gente haría ese saber puesto en práctica. Cuanto mayor bien haga y cuanta más gente lo disfrute, mejor será. Cuanto mayor mal haga y a más gente pueda resultarle perjudicial, peor será.

Bien, la verdad es que me ha quedado bastante extenso… Sería bueno hacer un pequeño esquema para acabar.

Conocimiento
– ¿Qué es?: el conjunto de datos acerca de algo, existente o no, que obtenemos con la ayuda de nuestra razón, nuestra imaginación y nuestros sentidos.:.
– ¿Qué puedo conocer?: cualquier cosa. Mi imaginación tiene potencial ilimitado para mostrarme cualquier conocimiento.
– ¿Cuánto puedo llegar a conocer?: esto dependerá de factores como las dudas que te plantees, tu mentalidad, el tiempo que vivas, etc.
– ¿Cómo puedo conocer?: aunque otra gente puede enseñarte cosas, cada persona tiene el potencial necesario para aprender cualquier cosa por si mismo gracias a tres cualidades que poseemos: racionalidad, imaginación y sensibilidad (relacionada esta palabra con los sentidos). Las tres son dependientes las unas de las otras para funcionar.
– ¿Valen todos los saberes lo mismo?: no. Sin embargo, los saberes siempre valdrán algo (aunque sea para tratar de evitar que ese saber haga daño por ignorancia del mismo?
– ¿Qué valor tienen los saberes?: dependerá del bien que haga y a cuanta gente se lo haga.

Para acabar, una última pregunta: ¿sabes la cantidad de tiempo que has perdido leyendo esto?


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Antifilosofía (o Erisofía)

escrito el 2 de Febrero de 2010 por en Filosofía

Todo lo existente tiene su contrario, que trata de destruirlo al coste de su propia existencia.

Como de costumbre, inicio mi artículo con una pequeña frase que define la idea principal de lo que quiero contaros. Hoy toca hablar de una de mis teorías personales, descabelladas e intransferibles por menos de 100000€: la Antifilosofía.
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Cerebro colectivo

escrito el 30 de Enero de 2010 por en Filosofía

El cerebro humano tiene potencial para hace cosas inimaginables. Inimaginablemente increíbles o inimaginablemente estúpidas.

Con esto y un bizcocho quiero empezar a hablaros de algo que ya comenté en su día en Imposible is nothing, pero quisiera ampliar un poco: el potencial del cerebro humano.

Seguramente, alguna vez te habrás encontrado en esta situación: dos personas que no tienen por qué tener nada que ver son capaces de llegar a la misma conclusión por el mismo razonamiento. Es decir, ambos tienen el mismo potencial de formular una conclusión. Esta creencia viene de lejos. Yo, por ejemplo, se que el conocido filósofo griego Platón logró que un esclavo formulara una teoría matemática a base de preguntarle cosas. Platón creía que todos los humanos tenemos la capacidad innata de formular cualquier teoría, aunque el se lo achacaba a nuestra alma y a las Ideas y no al cerebro. Es decir, todos los humanos tenemos el potencial de descubrir, formular, crear, etc. cualquier cosa. Si Pitágoras no hubiera descubierto su famoso teorema, es bastante probable que cualquier otro individuo posterior lo lograra. Llegando incluso más lejos, os comento que he leído hace poco una teoría que me ha fascinado y muy relacionada con este tema. Se dice que, si se lograse simular el cerebro humano con una máquina, esta podría vivir las vidas de todos los seres humanos que existen, existieron y existiran. Es decir, prácticamente se puede decir que afirma que nuestro cerebro tiene el potencial para vivir cualquier vida existente… A ver, me parece un poco exagerado, que queréis que os diga. Hay ciertos factores que influyen directamente en nuestra vida: donde nacemos, quienes son nuestros padres, a quien conocemos, si Sporky ha pasado por nuestras vidas o no… Pero bueno, como poco es interesante. Dicho todo esto, voy a formular mi primer y loca teoría acerca del tema: el cerebro humano contiene lo que yo denomino potencial humano, que es el producto “en bruto” sobre lo que podemos hacer en nuestra vida. Todos tenemos el mismo potencial, pero no lo desarrollamos igual. Influye en nosotros nuestro medio, nuestra relaciones y hasta nuestra propia mentalidad, que tiende a limitarnos en algunas cosas. Concluyendo: nunca desprecies a nadie. Ya verás que gracia te va a hacer que alguien desarrolle el potencial humano para arruinarte la vida por haberte burlado de él durante años…


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El diablo se viste de SGAE

escrito el 28 de Enero de 2010 por en Críticas

Hoy, buscando en el baúl de los recuerdos, he encontrado un viejo trabajo de Ética que viene que ni pintado para la sección críticas.

Os lo dejo copy-pasteado porque, sinceramente, no le cambiaría ni una sola coma a lo que escribí aquella vez:

El diablo se viste de SGAE
Hace ya un tiempo salió una noticia en el telediario que me llamó bastante la atención. La noticia hablaba de un concierto benéfico de David Bisbal para ayudar a un niño que sufre una de las llamadas “enfermedades raras”, que en este caso le provocará la muerte prematura a los nueve años tras estar uno en estado vegetativo si no se le da la medicación adecuada. Bisbal no cobra, los técnicos no cobran… y la SGAE  le pide a la familia un 10% de los beneficios alegando que “los derechos de las canciones no son de Bisbal, sino de la SGAE y que esta merece una retribución por esos derechos”.
Para el que no lo sepa, la SGAE (Sociedad General de Autores Españoles) se dedica a defender los derechos de artistas de todo tipo, aunque las acciones más conocidas son en el campo de la música y, en teoría, sin ánimo de lucro. Se le destaca en la luchar contra la descarga P2P de música y el famoso “top manta”.
Volviendo al caso anterior, finalmente la SGAE hizo un hermoso donativo que, si echamos cálculos, sale a un 10% de los beneficios del concierto… O lo que es lo mismo, que, por no decir “hemos obrado mal, tenga el dinero” dicen “como somos muy buenos, hacemos una donación igual a lo que te quitamos”.
Habrá quien diga que esto es un hecho puntual. Y habrá también quién le rebata.  Por poner un ejemplo, es conocidísimo y muy polémico el aumento del precio de CDs, DVDs y memorias USB debido al canon. ¿Y qué es el canon? Es, en pocas palabras, un impuesto añadido que pagas “por si acaso pirateas”. Es decir, si te bajas gratis de Internet en último disco de los Chichos y lo grabas en un CD, estás pagando una “compensación” por haber pirateado. Pero si te bajas de un programa pre-pago el mismo disco, estás pagando el disco más un añadido “por si acaso”.
Podría escribir sesenta folios de ejemplos, pero creo que he dejado claro lo que quiero decir. Y es que no veo nada malo en que traten de erradicar la piratería y entiendo la postura de los cantantes, ya que si tú te bajas un álbum ellos no cobran.
Pero lo que no entiendo es que si tú grabas una canción no tengas derechos sobre ella.
No entiendo que yo tenga que pagar por algo que quizá no haga.
No entiendo que a un pobre niño con una enfermedad que le impedirá llegar a adulto se le quite dinero.
Y, ante todo, no entiendo como nadie, de las miles de personas que en foros, blogs, comentarios de periódicos digitales, televisión y otros medios que se quejaron no se ponen en marcha, no se levantan contra una injusticia tan clara. Puede que, al final, la SGAE haya dado marcha atrás en muchos casos, pero no es menos cierto que fue tras una protesta social enorme. Pero hay una cosa clara: ni se hubieran atrevido a dar ese paso si, desde un principio, supieran que las consecuencias podrían dañarles.
Claro está que un español o una española no hacen nada contra las injusticias, y puede que dos, tres, cuatro y cuarenta tampoco. Pero si nos unimos todos, podemos no erradicar la SGAE, sino recordarle que su función es luchar contra las estafas, los robos y las pérdidas de dinero injustificadas y no provocarlas.

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Elecciones

escrito el 27 de Enero de 2010 por en Filosofía

No, amigos, esta entrada no es para hablar de la candidatura de Sporky a las elecciones españolas del 2012, sino para algo bastante enrevesado que entra dentro de mis muchas paranoias: la influencia de tus elecciones en el tiempo.

Este tema ya está muy explotado, lo sé. Todos en nuestra vida tenemos que tomar elecciones: qué vamos a estudiar, en qué queremos trabajar, qué vamos a comer hoy… Muchas veces, tras tomar una decisión, nos preguntamos aquello de “¿Qué pasaría si en vez de esto hubiera cogido eso otro?”. Sin embargo, todos sabemos que en nuestra vida solo hay un camino, construído por todas las elecciones que hemos hecho a lo largo de nuestra vida. Hasta aquí todo claro, espero. Si no es el caso se siente releed el párrafo de arriba antes de seguir. Yo, en mis momentos de comedura de tarro más intensos, me he construído una hipótesis acerca de lo que sucede con las elecciones no tomadas. Ahora podrías decir: “¿Cómo que qué va a pasar, Master? ¡Pues que no existen!”. Sin embargo, a mi se me ocurre algo muy paranoico: dimensiones paralelas. Me explico: suponed que, al tomar una decisión de solo dos posibilidades, el tiempo y el espacio se partan en dos. Por un lado, tenemos nuestro tiempo y espacio actuales. Por otro, el tiempo y el espacio de lo que hubiera sucedido si hubiéramos escogido la otra opción. Ambos coexisten de forma paralela y es imposible vivir ambos a la vez en la misma vida. La vida de una persona se compondría de momentos vividos y momentos sin vivir según esta teoría. En nuestra mano esta escoger los que consideremos mejor para aprovechar nuestro fugaz paso por el mundo al máximo.


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Tener éxito

escrito el 26 de Enero de 2010 por en Filosofía

Aún recuerdo la emoción que sentí cuando me llegó el correo de Julia (a la que, de nuevo, agradezco toda su ayuda) invitándome a unirme a Aprender a Pensar. Una frase en concreto, que hablaba de que mi blog se haría más conocido, me hizo reflexionar sobre lo que es tener éxito. De ahí salió esta entrada.

Hace poco he recibido un correo cuyo contenido mantendré, de momento, oculto. Dicho correo ha causado en mi varias sensaciones de diversa índole, pero predominaba la sopresa entre ese tumulto que se formó en mi. Y es que, queridos Filosentes, me han ofrecido la posibilidad de darle un giro de 180º y, quizá, la posibilidad de que este blog se haga más conocido, de que tenga éxito. Y claro, me han dicho eso y me he embalado…

Ahora, aprovechando la pausa que hay entre Navidad y Nochevieja, me he parado ha reflexionar un poco acerca de todo ese tema y, tras considerarlo serenamente, he aceptado. Por el camino me he parado a pensar un poco en todas las consecuencias que podría tener aceptar la oferta, tanto positivas como negativas, y de dicha reflexión he sacado esta entrada hoy sobre lo que significa para mi “tener éxito”.

Poder, dinero, fama. Rara es la opinión acerca de lo que es el éxito sin que aparezcan esas tres. A primera vista, parece que es lo que cualquiera podría desear en esta vida: reconocimiento social, lujos y estabilidad económica, poderío sobre otra gente. Muy tentador, sin lugar a dudas. Algo por lo que más de uno daría la vida… Y eso es lo que suele suceder.

Me explico: pensemos por un segundo que pasaría si cualquiera de nosotros los que formamos la parte anónima de la sociedad (es insignificante 99,99%, así a ojo de buen cubero) saltara al estrellato. Venga, por un segundo tratad de imaginarlo, vaguetes. ¿No pensaríais que el animal buenazo de Master os iba a dar todo hecho, no?

Ains, se ve que siempre me toca hacer todo a mi… Está bien, os pondré un ejemplo que se me viene ahora a la cabeza…

Estoy en T5. Me han invitado a un programa de esos de cotilleo. Espera que recuerde como se llamaba… ¿Rescátame? Bueh, algo así. Total, lo que importa es que voy a cobrar bastante… O eso me ha hecho creer mi mánager. En fin, hasta ahora no me ha ido mal con él, así que me repantigaré en esa silla y largaré todo lo que me han dicho que tenía que contar…

[…]

¡Buff! ¡Al fin en casa! Sinceramente, ha sido agotador. Lo peor fue cuando, al salir, todos esos paparazzi se abalanzaron sobre mi cuando trataba de llegar al coche… Aunque ya estoy acostumbrado. Bueh, vamos a ver dónde anda Sebas… ¡Sebas! ¡Sebas, la cena! ¡Ya!

[…]


¡Qué gustazo! No sé como lo hace, pero Sebas siempre prepara unas comidas que parecen de cocinero profesional. Y claro, no hay nada mejor tras una cena opípara que un masajito de mi cama vibradora… Bueno, quizá debería ir a cama, aunque juraría que me olvido algo…

En ese mismo momento…

Móvil: Mensaje de Mamá
Isma, ¿dónde estás? No has venido a cenar por Nochebuena… Aunque bueno, ya me habías comentado que tenías compromiso con tu mujer… En fin, os espero para la comida de mañana, ¿vale? Un bico y felices fiestas, hijo.

Vale, ya está el tablero, las fichas y las reglas. Ahora, ¡a jugar!

Vamos a analizar un poco la vida de este sujeto: es rico y famoso (lo requieren en programas de TV). Parece vivir en una mansión lujosa, con gente que le hace todas las tareas domésticas. Esta casado y su madre los espera a él y a su mujer para Navidad. ¡Qué vidorro!

Sin embargo, si analizamos bien y aprendemos a leer entre líneas, quizá no sea oro todo lo que reluce…

Este Ismael es un chaval sin carácter (lo podemos ver en que se deje influenciar por su mánager sin pensarlo si quiera). Es bastante materialista (va a un programa de la TV a decir algo que desconocemos simplemente por dinero) y tiene un trato bastante frío con la “servidumbre” (no estoy muy de acuerdo con ese término, pero no se me ocurre otro mejor…). Por si fuera poco,  ha cambiado una visita a su madre por ir a ese programa de televisión…

Queridos Filosentes, no se si yo llegaré a triunfar o no con este blog o cualquier otra cosa, pero cuento con vosotros para darme un toque de atención si me vuelvo aún peor un materialista, egoísta, prepotente o cualquiera de los pocos defectos que me faltan por acumular. Aunque, de momento, creo que seguiré como siempre: en mi habitación, en mi sillón, actualizando este blog.

Para acabar, me gustaría dejar dos frases. Con una quiero definir en pocas palabras la idea principal de esta entrada y con la otra haceros pensar un poquico =D

1) He encontrado la fama… pero me he perdido por el camino.
2) Hay famosos porque existen anónimos. ¿De qué serviría la fama si todos nos conociéramos los unos a los otros? Lo mismo se puede aplicar a cualquier cosa: éxito y fracaso, vida y muerte, inteligencia y estupidez…


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