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Recopilación: el conocimiento

Estos días no he podido escribir mucho porque he estado muy ocupado. De hecho, escribir esto me ha llevado dos días, de ahí que ayer no escribiera nada. Os lo dejo para que opinéis.

Lunes 8. Esa es la fecha clave, en la que dispondré de 50 minutos para demostrar que he estado atendiendo todo lo que va de curso en clase. Y es que ese día tendré que hacer, en menos de una hora, un trabajo expresando mi opinión acerca del tema central de la evaluación pasada: “¿Qué puedo saber? El conocimiento”.

Como borrador me he decidido a escribir una entrada en Filosente. Será bastante más seria de lo normal eso es, sin usar tachaduras, así que aviso, que el que avisa…

En fin, allá vamos con el conocimiento

Normalmente, el clase solemos tratar temas que, siendo más o menos concretos, tienen una esencia sencilla de captar y en la que te puedes basar para construir tus teorías. Sin embargo, este no es el caso. ¿Cómo voy a resumir todo lo que he dado de filosofía en uno o dos folios y en 50 minutos?

Me parece que lo más sencillo para empezar es definir el conocimiento. Según la Wikipedia, es un “saber que se consigue mediante la experiencia personal, la observación o el estudio”. Podríamos decir que tú conoces algo cuando, tras observarlo, experimentarlo o estudiarlo.

Sin embargo, me parece que esta definición abarca poco. Quiero decir, esta definición es claramente empirista. Me sé de un filósofo griego cuyo nombre empieza por “A” y acaba por “s” que estaría totalmente de acuerdo con esa definición, aunque otro conocido como Platón estaría totalmente en contra. El pensaba que las cosas las conocemos antes de nacer debido a que nuestra alma provenía del mundo de las Ideas, donde pudo conocer la Idea de todo…

Y eso no es todo: esa definición no concuerda con lo que, para mi es conocimiento. Ahora bien, ¿qué es para mi el conocimiento?

Esta pregunta creo que es bastante importante. Para mi es el conjunto de datos acerca de algo, existente o no, que obtenemos con la ayuda de nuestra razón, nuestra imaginación y nuestros sentidos.

Ya sé lo que es el conocimiento. Ahora, la pregunta es: ¿qué puedo conocer? ¿Cuánto puedo conocer?

Yo creo que los seres humanos tenemos potencial para conocer cualquier cosa. ¿Por qué? Básicamente, por uno de los elementos que conforman, para mi, las formas de obtener conocimientos: la imaginación. La imaginación tiene infinitas posibilidades de crear nuevas ideas y, en mi opinión, ningún conocimiento debería ser considerado incorrecto hasta que se haya probado su erroneidad. Además, incluso en caso de que sean conocimientos inexactos, errónes y puedan causar daño, es importante conocerlos para evitar los efectos negativos de ignorarlos.

En cuanto a la cantidad de cosas que podemos conocer, creo que van a estar delimitadas más que nada por varios factores, como pueden ser donde y como vivimos, nuestra religión, nuestra forma de pensar, el tiempo que vivamos… Generalmente, una persona de mentalidad abierta, que por su clase social tenga la oportunidad de viajar mucho y sea feligresa de una religión no fanática podrá conocer más cosas que una persona que sea justamente al contrario.

Dos elementos importantes de la cantidad de cosas que puedo saber son la duda y el asombro. Si yo me quedo asombrado por algo que veo, normalmente será porque no lo puedo explicar, lo cual provoca en mi una duda. Al tener una duda, lo normal es tratar de solucionarla, lo cual te llevará a un saber nuevo. Como decía aquel viejo proverbio que me recordó mi profesor de filosofía “Gran duda, gran iluminación. Pequeña duda, pequeña iluminación. Ninguna duda, ninguna iluminación”.

Una pequeña mención a la expresión “saber de más”: nunca sabes de más en relación con tus intereses, pero puede que, a veces, conozcas de cosas que otros preferirías que no supieran. No te limites a saber nada cuando tienes la oportunidad de conocer un poco.

Vale, ya hemos dicho qué es el conocimiento, qué puedo saber y cuánto puedo saber.  Ahora, otro punto importante: ¿cómo puedo conocer cosas?

Arriba comenté dos puntos importantes para responder a esta pregunta. Para empezar, creo que podemos llegar a conocer cualquier cosa por nosotros mismos, aunque a la humanidad le interesa que cada persona descubra la mayor cantidad de cosas nuevas posible. De ahí que muchos de los conocimientos que obtenemos provienen de otras personas: padres, profesores, amigos… De todas formas, yo me quiero centrar en lo como puede llegar a conocer cosas una persona por uno mismo.

Ya he mencionado arriba que, para conocer u obtener conocimientos, creo que la imaginación juega un papel importante. La posibilidad de poder crear miles de hipótesis de forma sencilla es algo de un valor tan enorme que no lo valoramos. Cierra los ojos y deja volar tu imaginación una tarde entera y es posible que llegues a conclusiones que, de otra forma, te costaría alcanzar.

Pero obviamente no vivimos solo de ilusiones y tendemos a querer comprobar nuestra ideas. Para ello tenemos a la razón y a los sentidos.

Los sentidos nos permiten relacionarnos con lo que nos rodea y con nosotros mismos. Tacto, gusto, oído, olfato y vista nos ayudan a percibir nuestro cuerpo y nuestro entorno. Con esas interacciones conseguimos información que tendemos a dar por cierta sin plantearnos, si quiera, que ese material que recibimos de fuera está distorsionado. Y es que aquí coincido con Kant al pensar que tenemos mecanismos que adaptan la realidad a unas forma que tenemos de percibirla, pero no considero, como él, que tenemos algunos fijos. Yo creo que esos mecanismos (a los que podemos llamar “prejuicios”) son variables y modificables a lo alrgo del tiempo. Por ejemplo, supongamos que yo ahora pienso que todo los ancianos son inútiles (no es el caso, pero me parece ilustrativo ya que hay gente que piensa así). Cada vez que vea a un anciano, mi mente pensará en una persona inútil, aunque puede resultar que ese hombre tiene un doctorado en lo que sea y una fuerza con la que es capaz de levantar a una vaca. Sin embargo, es probable que cambie de idea si un día un jubilado me salva la vida.

Bueno, entonces tenemos la imaginación, que nos permite crear hipótesis e ideas de cualquier tipo y cuyo potencial es ilimitado y los sentidos, que nos permiten relacionarnos con nuestro entorno. El otro método para conocer es, para mi, la razón.

La razón se alimenta de lo obtenido por las otras dos (estímulos de los sentidos e hipótesis de la imaginación). También tiene esos “mecanismos” o ideas preconcebidas en cuanto a la obtención de material sensitivo.

La función de la razón es trabajar con esos dos materiales para dar forma a teorías. Es decir, nosotros tenemos una idea (la “imaginamos”) y, con el material del exterior, le damos forma a una teoría (o construcción mental/racional). Esas teorías nos permitirán ampliar o mejorar los mecanismos que tenemos para percibir el mundo y nos dan nuevas bases para dar rienda suelta a nuestra imaginación. La razón depende de los sentidos y la imaginación para existir y sentidos e imaginación requieren de la razón para abrir nuevas fronteras.

Qué es el saber, qué puedo saber, cuánto puedo saber y cómo lo puedo saber. ¿Qué más podría mencionar? Pues… ¿qué valor tienen los saberes? ¿valen todos los saberes lo mismo?


Para mi, no todos los saberes tienen el mismo valor, pero todo saber vale algo, es decir, no existe ningún saber prescindible. Obviamente, le daré más valor a un saber que me permita salvar una vida que otro que me ayude a conocer la dirección a la que he de girar la llave para abrir la puerta de la casa del vecino. Sin embargo, como mencioné arriba, ningún saber debería ser descartado. Es decir, puede que yo sepa como matar a alguien en menos de tres movimientos, pero quizá el no saberlo acabaría en mi muerte por no darme cuenta de que el hombre que tenía delante en aquel callejón oscuro quizá no estuviera bailando una danza oriental.


Además, y esto como hipótesis que me he imaginado hace poco tras leer algo de las teorías de que todo tiene su contrario, se me ocurre que cada saber tiene otro que sirve para negarlo. Es decir, yo puedo saber como encender el ordenador y saber como apagarlo. Al igual que si se como dañar a una persona, es posible que exista un saber que me permita halagarla. Lo mismo sería equivalente para el caso de arriba: puedo saber matar a alguien en tres golpes y, gracias a ese saber, conocer la manera de defenderme de ese ataque.

Para darle un valor a un saber, me voy a basar en una teoría que creo que también era kantiana, y es pensar en cuanto bien y a cuanta gente haría ese saber puesto en práctica. Cuanto mayor bien haga y cuanta más gente lo disfrute, mejor será. Cuanto mayor mal haga y a más gente pueda resultarle perjudicial, peor será.

Bien, la verdad es que me ha quedado bastante extenso… Sería bueno hacer un pequeño esquema para acabar.

Conocimiento
– ¿Qué es?: el conjunto de datos acerca de algo, existente o no, que obtenemos con la ayuda de nuestra razón, nuestra imaginación y nuestros sentidos.:.
– ¿Qué puedo conocer?: cualquier cosa. Mi imaginación tiene potencial ilimitado para mostrarme cualquier conocimiento.
– ¿Cuánto puedo llegar a conocer?: esto dependerá de factores como las dudas que te plantees, tu mentalidad, el tiempo que vivas, etc.
– ¿Cómo puedo conocer?: aunque otra gente puede enseñarte cosas, cada persona tiene el potencial necesario para aprender cualquier cosa por si mismo gracias a tres cualidades que poseemos: racionalidad, imaginación y sensibilidad (relacionada esta palabra con los sentidos). Las tres son dependientes las unas de las otras para funcionar.
– ¿Valen todos los saberes lo mismo?: no. Sin embargo, los saberes siempre valdrán algo (aunque sea para tratar de evitar que ese saber haga daño por ignorancia del mismo?
– ¿Qué valor tienen los saberes?: dependerá del bien que haga y a cuanta gente se lo haga.

Para acabar, una última pregunta: ¿sabes la cantidad de tiempo que has perdido leyendo esto?



escrito el 6 de febrero de 2010 por en Filosofía


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