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Dios, Alá, Buda, Yavhé, MEV, Sporky… Cristianismo, Islamismo, Budismo, Judaísmo, Pastafarismo, Oinkarismo… Arriba, nombres de Dios. Abajo, nombres de religiones. Aquí, una pequeña e insustancial introducción al tema de hoy: Religión.

Antes de empezar, me gustaría pedir perdón si alguien con creencias religiosas se ha visto ofendido por las menciones al Monstruo Espaguetti Volador y a Sporky. Los que lean este blog saben que me gusta tomarmelo seriamente en broma y humorísticamente en serio. Entrando en tema, os quería hablar de algo que últimamente me ha dado un par de quebraderos de cabeza (horas en blanco, tres borradores de entrada desechados, alguna que otra pesadilla incluso…). Y es que la religión nunca había ocupado tanto sitio en mi vida hasta el momento en que el pedestal sobre el que la tenía he empezado a desmoronarse… Pero empecemos desde un poco más atrás. Desde que era pequeño, mis padres me han educado en valores religiosos. Nunca me han obligado a ser cristiano, pero uno, al ser pequeño, coge lo que los demás le dan. Nunca tuve dudas acerca de la existencia de un Dios que es uno y tres a la vez, de Jesús, de los santos, del cielo y del infierno… hasta hace poco. Mi padre me dijo una vez algo que, cada día, me parece una verdad mayor: “llegará un momento en el que te replantearás todo, Ismael”. Y así está siendo: me he replanteado (y sigo haciendolo) mi vida, mis actitudes, mis aficciones… Todo. Y tarde o temprano tenía que caer la religión. Puede que el estudiar filosfía haya adelantado ese momento, no lo sé. La verdad es que, desde que he empezado a visitar su casa, esta señora no ha hecho más que ponerme dudas y preguntas en la cabeza cuyas respuestas nunca son claras. Así pues, un día, mientras estaba sentado en misa, viendo como el sacerdote estaba hablando a los feligreses en el sermón, mi cabeza empezó a irse por otros parajes, hasta que al final un pensamiento al azar me recorrió: ¿de qué me sirve escuchar la economía de la Iglesia? ¿Qué me aporta eso? Ese día, mientras volvía a casa, esa duda empezó a crearme otras, de tal forma que, en los diez minutos que me lleva ir de casa a la iglesia andando, ya hasta tenía dudas de mi existencia (aunque a esa última le saqué provecho con una entradica la mar de maja en Filosente). Sigo yendo a misa los domingos, pero ahora con otra intención. Ahora no voy por cumplir un rito que mi religión me ha fijado. Ahora voy para descubrir qué me puede aportar a mi el cristianismo. Para ello, he decidido echar mano a todos los recursos que puedo conseguir. Me he informado un poco de la historia de la Iglesia, he empezado a leer mi suscripción a Zenit (un diario del Vaticano) y he tratado de buscar ayuda en la Teología, esa rama de la filosfía encargada de reflexionar acerca de la existencia de un Dios. La filosofía me ha aportado un concepto bastante útil a través de Descartes. Él buscaba una verdad que fuera imposible de ser negada para poder construir una filosfía fuerte en torno a ella, siguiendo un procedimiento racional. Creo que yo haré algo parecido: buscaré un concepto religioso que, para mi, sea tan cierto como que soy un ser no pensante. De esta forma, podré tener mi propia visión de la religión y asegurarme de que no se volverá a tambalear. Total, con las herramientas en mano, he estado trabajando un poco. He reflexionado acerca de todo lo que sé de la religión y he ido apartando (ojo, apartar =/= desechar) todos aquellos conceptos que me pudieran parecer dudosos. Para empezar: ¿cómo sé que estoy en la religión correcta? Me explicó: hay muchísismas religiones en el mundo. Algunas de las más importantes las mencioné arriba de todo, pero aún me quedan muchas más. Cada una tiene un Dios, unos ritos, una fe. Y estoy seguro de que si ahora el preguntas a un sacerdote budista si existe Buda, te dará mil y una “pruebas” de que si. ¿Cómo sé que el cristianismo es LA religión? En mis momentos de más comedura de tarro, he llegado a plantearme hasta la posibilidad de que ninguna religión sea válida, y que todas estén equivocadas. Que no hay ningún Dios más allá, que no hay vida tras la muerte, y que mi ya dudosa de por si existencia carece del poco sentido que le quedaba. Y es ahí cuando he abierto los ojos. Para mí, si que hay una verdad religiosa indudable: que existe alguna especie de ente superior que es la causa de todo. Que existe un Dios. No soy capaz de probarlo, pero no soy capaz de imaginarme un mundo sin Dios. Me gustaría poder deciros que me lleva a esa convicción, pero, en si, esa realidad para mi no es un pensamiento, es más bien un… ¿sentimiento? ¿Intuición? No sé. Sé que existe un Dios. Aparte, ese Dios tiene que tenernos algún aprecio. ¿Por qué? Porque, según mi manera de verlo, alguien no crea algo y lo deja existir durante miles de años si no es porque esa creación le gusta. Aunque claro, para ese Dios nuestros miles de años pueden ser segundos… Pero ni por esas. Si creo que existe un Dios y que ese Dios es omnipotente, no necesitaría ningún método de ensayo y error para saber como saldrá su creación. Así que ahora tengo que existe un Dios que lo puede todo y que me quiere. Un buen principio, sin duda. Metámonos en el asunto de las religiones. Para empezar… ¿realmente necesito ser religoso? Es decir, ¿realmente no puedo darle yo un culto a mi manera a ese Dios? Es algo factible, si, pero me deja un pequeño vacío. La religión debería de ser algo que pudiéramos compartir, y crearme mi propia “religión” no concuerda con ese canon. Con lo cual, si quiero buscar una religión y no me quiero crear una propia, habrá que ver con cual concuerdo mejor de las que ya existen. Hace poco oí aquello de “Quizás todas las religiones contengan trozos de la verdad sobre un Dios”. Eso da a entender que lo mejor sería unirse a toda religión existente, para averiguar así más de Dios. Y yo pienso que eso es de cobardes. En esta vida, hay que saber comprometerse con algo. No vale “ser de todo para llegar al cielo de todas”, porque lo único que lograrás será que tu vida sea un infierno religioso, en el que vivirás por y para la religión. No, está claro: he de escoger una. La que más se acerque a lo que yo creo. Y, tras pensarlo bastante, hay una religión que cree en un Dios que nos ama, en la familia, en la amistad y en otros valores que a mi me parecen importantes como individuo: el cristianismo. Alguno puede estar pensando ahora algo como “Tanto rollo y vuelve a lo de antes…”. Yo opino que el que piensa así se equivoca. He descubierto la religión por mi mismo. Y eso si es un avance importante. Puede que no concuerde al 100% con las ideas cristianas, pero es lo que más se acerca. Así que, de momento, seguiré profesando la fe cristiana. Ni de lejos he decidido dejar de buscar mi manera de ver la religión. Del mismo modo que hago Filosfía “a mi manera”, puedo hacer Religión “a mi manera”. Digamos que soy el primer Cristiano Filosente, y el último. No porque no existan más adolescentes jugando a ser filósofos, sino porque solo hay un Mastergbdas, y solo un Ismael cuyo alter ego sea Mastergbdas: yo. Y eso me lleva a la reflexión final: hay tantas religiones como individuos exitan para interpretar las ya existentes a su manera.



escrito el 18 de enero de 2010 por en Filosofía


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