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Filosofía y pensamiento

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Atrévete a pensar

Actitudes

escrito el 1 de Marzo de 2010 por Filosente en Filosofía

Las cosas no son buenas. Las personas no son malas. Es más, ni las acciones se decantan de un lado. Al final, todo se reduce a una forma de ver las cosas. Todo es cuestión de actitudes.

Algo que he debatido (y mucho) con mi padre ha sido el tema de las actitudes. Sin embargo, he sido como una persona que se sabe ciega sin darse cuenta de que tiene los ojos cerrados. Vamos, que me he bajado de la burra y al fin he visto la importancia de lo que os quiero comentar hoy.

Hablemos de actitudes.

Largar tochazos que parecen escritos casi en árabe como los apuntes de Educación Física acerca de la carga que nos dieron este año no tiene ningún sentido. Es decir, ¿para qué voy a decir una barrabasada genialidad que nadie vaya a entender?

Por esa razón he decidido empezar la entrada de hoy con un ejemplo claro de mi postura:

Supongamos que vas por la calle. Has sido el único que ha suspendido el examen de Matemáticas entre todos los grupos de tu curso. Ha empezado a llover en una explanada, sin ninguna zona de protección… y tú sin paraguas. Además, el puente sobre ese riachuelo tan majo que usabas como atajo se ha venido abajo… cuando tu estabas encima.

Al llegar a casa, tu madre te dice la siguiente frase: ¡ve a recoger tu cuarto ahora mismo!

Di como reaccionarías.

Yo no se vosotros, pero yo me lo tomaría con paz, tranquilidad, amor… estallaría de furia de tal forma que lo de Pompeya parecería una película de los Looney Toons.

Veamos ahora otro ejemplo:

Supongamos que vas por la calle. Has sido el único que ha aprobado (y con diez) el examen de Matemáticas entre todos los grupos de tu curso. Tras todo el día lloviendo, ha escampado justo cuando salías de clase, aunque no te importaba mucho la lluvia ya que la madre de tu novi@, quizá la suegra más encantadora del mundo, se ha ofrecido a llevarte, no sin antes decirte que le encantaría que fueras de visita a su casa en cualquier momento.

Al llegar a casa, tu madre te dice la siguiente frase: ¡ve a recoger tu cuarto ahora mismo!

Di como reaccionarías.

Yo no se vosotros, pero yo estallaría de furia de tal forma que lo de Pompeya parecería una película de los Looney Toons me lo tomaría con paz, tranquilidad, amor… Le daría un abrazo a mi madre y, tarareando una alegre tonadilla, iría a hacer lo mandado.

Y ahora, la pregunta que nos interesa: ¿qué ha cambiado?

Mucha gente dirá que las circunstancias. Has tenido un día malo, te han pasado todos las desgracias inimaginables y, aún encima, tu madre con exigencias…

En cambio, en el otro ejemplo, te sientes como bendecido por un ángel y claro, al llegar a casa, vas casi levitando… Nada puede enturbiar tu felicidad.

Sin embargo, los que aún se acuerden de que tema estamos hablando, deducirán que las actitudes tienen que ver si o si con lo ya dicho… así que ahora, pasemos a la parte teórico-explicativa:

El cambio se produce en las actitudes.

La forma en la que respondes a tu madre se debe a una actitud negativa que ya arrasrtas desde el principio de la historia. Dicha actitud hace que solo veas la parte negativa de todo.

Por ejemplo, nada de lo que te ha sucedido es ireversible. ¿Que cateas? Recuperación y listo. ¿Lluvia y caída al riachuelo? ¡La ropa se seca! Además, en el segundo se menciona que tienes novi@, pero en el primero no se dice en ningun momento que no l@ tengas. En pocas palabras, la actitud negativa hace que veas lo peor y te olvides de lo mejor.

En cuanto al otro texto, aquí se ve una clara actitud positiva. Todo lo que ves te parece bueno. Y, además, no te molesta el hecho de que la lluvia probablemente se haya cargado el atajo que hacía que pudieras dormir cinco minutos más al día siguiente. Ves solo lo bueno.

Y es que, queridos Filosentes, en las actitudes está la clave. Una actitud negativa siempre traerá conseucnias negativas por el simple hecho de que dejarás de ver las positivas, y viceversa.

Por supuesto, a veces es dificil mantener una actitud “happy meal”, pero al menos hay que intentarlo…

Conclusiones:

Negativa: Jo, macho, que mal me ha quedado la entrada. Menudo día llevo…
Positiva: ¡Es la mejor entrada que he escrito en mucho tiempo! Seguro que sube las visitas a mis blogs y…


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Gente y relaciones

escrito el 23 de Febrero de 2010 por Filosente en Filosofía

Caminos que se cruzan
para no volverse a encontrar.
Caminos paralelos
que confluyen en el mismo andar.
Caminos que se separan
tratando de no volverse a juntar
Caminante, no hay caminos,
solo personas buscando caminar.

Con estos versos de andar por casa os introduzco algo de lo que quería hablar: las relaciones.

Como Mastergbdas, casi toda mi historia se centra en X sitios. La cosa cambia si hablamos de Ismael, el cual, por unas razones que no vienen a cuento, se ha tenido que mudar más veces de las que un servidor quisiera.

El caso es que, por esos motivos que no os confiaré, he vivido en distintos sitios, y en cada sitio, como es obvio, he acabado por conocer a un montón de gente. He hecho amigos que se que durarán toda la vida, me he reído con gente a la que conocí sólo de refilón y también he tenido enemistades fuertes con gente que aún ahora no podría ver sin enzarzarme en una discusión (supongo que a ellos les pasará igual).

Un temor que siempre se tiene al cambiar de residencia es el hecho de que, generalmente, no conoces a nadie. Sitios nuevos, caras nuevas.

Yo siempre he tenido a Doña Fortuna de mi parte en este lado, ya que siempre he conocido a gente que me ha ayudado. Nombres como Néstor, Nelson, Mayte, Paula, Dani, Jordi, Javi, Carlos, Andrés, Conchita y otros muchos me traen grandes recuerdos que me entristecen y alegran a la vez.

Si hay algo que he aprendido a valorar, son las relaciones con la gente. Cuando vas dejando a gente atrás, o cuando son ellos los que se tienen que alejar de ti, es cuando realmente te das cuenta de lo especial que era esa persona, de lo importante que era para ti tener con quien bromear, a quien contar tus secretos, con quien ir a dar una vuelta por las tardes, a quien llamar para quedar… Te das cuenta de lo importante que es tener un verdadero amigo.

Yo creo que a veces peco de extremista en estos casos. Es decir, a un enemigo lo tendré cruzado para los restos y a un amigo justo al contrario: por muchas maldades que me haga, seguiré ahí. Ha habido veces que he cambiado de opinión por hechos concretos, pero generalmente es así.

Por una razón u otra, he acabado regresando al punto de partida: he vuelto a mi lugar natal. En un lugar que me trae tantos recuerdos de mi infancia, no puedo dejar de pensar en lo que soy y en lo que podía haber sido. Es decir, soy quien soy porque he conocido a quien he conocido, porque he vivido con quien he vivido, porque me he relacionado con quien me he relacionado. Es increíble pensar la cantidad de cosas que serían distintas si no hubiera conocido a algunas de las personas que menciono arriba…

De una forma u otra, he conocido a gente muy especial. Todos ellos han aportado su granito de arena para que yo sea yo. Es más, dudo que Mastergbdas, Filosente y otras muchas cosas hubieran existido sin amigos que me apoyaran y enemigos que se rieran de mis logros.

Y aquí es cuando os digo a todos, los que me conocéis como Mastergbdas y los que me conocéis como Ismael, los que me apreciáis y los que me odiáis, a todos vosotros, gracias.

Gracias por ayudarme a crecer cada día.

Gracias por ayudarme a ser quien soy.

Gracias por apoyarme.

Gracias por criticarme.

Gracias.


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¡Moldéate!

escrito el 22 de Febrero de 2010 por Filosente en Filosofía

No existe un molde para cada persona, sino que cada persona es un molde para si mismo.

Un arranque de imaginación ayer mientras hablaba con mi hermana me llevó a desarrollar otra de mis extrañas teorías que probablemente haya formulado alguien antes que yo.

¿Que de qué voy a hablaros hoy? Pues, básicamente, la elección de cómo somos.

Hay tres preguntas recurrentes cuando hablamos en filosofía acerca de nosotros mismos: “¿Quién soy?”, “¿De dónde vengo?”, “¿A dónde voy?”. Hoy me voy a centrar en la segunda, aunque no quiero abordarla totalmente. De lo que quiero hablar hoy es del punto intermedio en lo que somos antes de nacer (dependiendo de tus creencias, puedes pensar que eras espíritu, ángel, conciencia colectiva o nada) y cuando “aparecemos” vivan los eufemismos para todos los públicos ante un tío de bata blanca que insiste en azotarnos hasta que lloramos.

Imagínate que, antes de llegar a esta supuesta realidad, en lo que Platón llamó “mundo de las Ideas”, nuestra alma, esencia, espíritu, cabeza, otra cabeza o como quieras llamarlo supo que, en breve, se manfiestaría en otro sitio.

Pues bien, mi teoría es que antes de nacer, podemos escoger nuestro cuerpo y caracter. Escoger quienes somos.

Si, ya se que suena muy muy raro y es probable que, de buenas a primeras, se nos ocurra un argumento sobre por qué esto no es posible. Vamos, que si yo pudiera escoger como poder ser, me quitaría unos cuantos kilos, me daría un cuerpo atlético, sentido del humor e inteligencia.

Sin embargo, (y aquí vamos a repasar un poco de las teorías de Aristóteles y Platón), ¿cómo llegamos a conocer el concepto de perfección?

En este caso, las teorías racionalistas no tienen sentido: si nuestra alma conocía el concepto de perfección… ¿por qué tenemos un cuerpo imperfecto?

Si seguimos las teorías empiristas (no es que esté totalmente de acuerdo con ellas, pero me voy a permitir elaborar una), nuestra alma no sabía lo que era perfección, así que hizo un cuerpo como más le gustó a ella. Es decir, sin saber lo que era ser alto, bajo, inteligente, tonto, serio, alegre… hizo un cuerpo y un caracter en el que habitar.

¿Conclusión?: alégrate de tener el cuerpo que tienes. Tu mismo no lo podrías haber hecho mejor.


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[Ezero] Sueños

escrito el 15 de Febrero de 2010 por Filosente en Todos Filosentes

Alguien se ha animado a enviarme su reflexión a “Todos Filosentes” mediante mi dirección de correo (filosente@hotmail.com). Dicha persona ha sido mi buen amigo Ezero, el cual reflexiona sobre los sueños.

Os recomiendo la lectura del texto. Es altamente interesante y, además, nos habla de una de las curiosidades más fascinantes del soñar: los sueños lúcidos (sueños que tú puedes controlar).

¿Qué es la vida? Un frenesí,
¿Qué es la vida? Una ilusión,
Una sombra, una ficción,
Y el mayor bien es pequeño,
Que toda la vida es Sueño,
Y los Sueños, Sueños son.

Con esto termina el monólogo de Segismundo en una de las obras más conocidas de Calderón de la Barca: “La Vida es Sueño”.

Y es que, como dijo aquel genio, esta vida es un sueño… pero, ¿qué son realmente los sueños? Según el diccionario de la RAE:

Sueño (Del lat. somnus) Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes.

Hay muchas otras definiciones, claro está. Pero nosotros nos centraremos en ésta.

Es muy habitual recordar un sueño, pero a menudo, suena el despertador, te levantas, y empiezas la rutina matinal, y cuando te das cuenta (cosa que no suele pasar casi nunca), el sueño ha desaparecido de tu memoria. Esto ocurre porque en la sociedad occidental, y más en la de hoy día, nunca se da demasiada importancia a los sueños. Y no hablo de premoniciones ni viajes espirituales, ni cosas del estilo, no es éste lugar para el esoterismo. De todas formas, las preguntas son muchas: ¿Por qué olvidamos los sueños? ¿Qué es lo que realmente quiere expresar nuestro subconsciente? ¿Tiene algún significado? ¿De dónde vienen los sueños?

Quizá en algunos casos, podamos decir que son “reconstrucciones” de los sucesos que han ocurrido durante el día. Pero esto no ocurre siempre así. Y sin embargo, nuestro subconsciente nos conoce mejor que nosotros mismos. Si haces/hiciste/harás un diario de sueños alguna vez, fíjate bien. A lo largo de días, semanas, o incluso meses, podrás llegar a descubrir que muchos de tus sueños, ¡tienen una temática común!

Algún elemento, algún detalle, por pequeño que sea. Siempre. Puede variar en función de lo que varíen tus gustos o cambien tus aficiones. Por ejemplo, puede ser que estés leyendo un libro, y sueñes a menudo con situaciones de ese libro. Pero al cabo de una o dos semanas, o un mes, terminado el libro, coges otro. La temática común cambia.

Pasa lo mismo con videojuegos, modas, aficiones o comidas. Y esto es un signo de sueño muy evidente. Nuestro subconsciente tiene la curiosa propiedad de ser encantadoramente convincente. De modo que mientras estemos soñando, ver elefantes rosas volando en el cielo verde nos parecerá perfectamente normal. Sin embargo, podemos aprender a asociar la temática común a nuestro concepto de sueño. Pongamos un ejemplo:

Supongamos, que en un total de 20 noches, descubrimos que 14 soñamos con gatos azules. Así, tomamos un punto de referencia, y sabemos que: gato azul = sueño. La próxima vez que estemos soñando y veamos un gato azul, podremos llegar a darnos cuenta de la situación. Y esto abre las puertas a una de las mejores experiencias posibles: el Sueño Lúcido.

En este caso, prescindiré de definiciones apoteósicas de diccionarios o enciclopedias, y daré la mía propia: el Sueño Lúcido es el encuentro de nuestro ser consciente son el subconsciente. Es decir, la unión de todo nuestro ser en un punto de nuestra conciencia. Así, si en un sueño nos damos cuenta de que realmente estamos soñando, pasará a ser un Sueño Lúcido, y, literalmente, abrirá un mundo de posibilidades a nuestro alrededor.

Gracias al Sueño Lúcido, podremos disponer del Mundo Onírico para lo que deseemos. Con algo de práctica, todo el mundo puede llegar a controlar lo que ocurre en sus sueños. Cosas como teletransporte, volar, hacer aparecer y desaparecer personas y objetos, obtener poderes, cambiar de forma… las posibilidades de la unión entre consciente y subconsciente son realmente ilimitadas, lo que lleva a darnos cuenta de lo poderosas que somos las personas… Y a su vez puede ser la explicación al enigma del sueño.

Mi teoría es la siguiente: partimos del hecho de que tenemos dos conciencias, una por hemisferio cerebral. Por un lado, tenemos la Conciencia Lógica o Matemática. Por el otro, la Conciencia Creativa o Artística. Cuando nos llega el sueño, la Conciencia Lógica pierde interés en el mundo que nos rodea, mientras que la Creativa se libera, explota, y dibuja un nuevo mundo de posibilidades absurdamente infinitas.

Cuando nos damos cuenta de que es un sueño lo que ocurre, básicamente nuestra conciencia lógica despierta de su letargo, y busca conectar con la creativa. De esta forma, podemos interactuar con el sueño.

¿Problema? La conexión entre ambas conciencias es un equilibrio muy difícil de mantener. Inclinarnos hacia la conciencia creativa, puede producir que la lógica se duerma de nuevo y olvidemos que estamos en un sueño, pasando a un sueño común. Por otra parte, decantarnos por la lógica hará que despertemos y el sueño se desvanezca.

Esa es mi teoría, y sería por esto que en muchos casos, despertamos al darnos cuenta de que es un sueño: la conciencia lógica sufre un impulso tan fuerte que rompe el equilibrio y el sueño desaparece.

Así pues, según esta teoría, los sueños dependen de la creatividad, los olvidamos debido a la sumisión de ésta ante la lógica, y proceden de una mezcla entre los sucesos ocurridos en el día a día y las fantasías de la conciencia artística de nuestro cerebro.


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Las dos realidades

escrito el 14 de Febrero de 2010 por Filosente en Filosofía

- Está frío.
- Está caliente.
- Está templado.

Tres opiniones sobre la misma realidad. Tres realidades expresadas en tres opiniones. Cuatro realidades. Porque hay realidad y “realidad”, igual que hay objetivismo y subjetivismo.

Hoy os quería hablar de una idea que me surgió mientras hacía un trabajo de filosofía, y es la posibilidad de la existencia de dos realidad: la realidad y mi realidad.
Muchos filósofos han hablado de la subjetividad de la realidad. Un buen ejemplo es Kant, que afirmó que la realidad se adapta a unos mecanismos o formas a priori para percibirla. Es decir, que la realidad no es una “realidad” común, sino que cada uno tenemos nuestra forma de ver la realidad. Nuestra realidad.

Sin embargo, aunque es una teoría razonable y con la que estoy bastante de acuerdo, a mi se me ocurre otra posibilidad: darle una dualidad a la realidad. Es decir, que no hay una realidad, sino dos.

La primera realidad es lo que yo entiendo por “la realidad”, es decir, todo lo que me rodea. Para interactuar con esa realidad uso mis sentidos externos: gusto, oído, olfato, vista, tacto. Mi razón simplemente procesa lo que recibe de esa realidad a través de lo sentidos y da órdenes a mi cuerpo para que se relacione.

La otra realidad la he denominado como “mi realidad”. Es algo que existe en mi, que no es definido, pero que tampoco es falso. Está compuesta por mis recuerdos, mis ideas, mis sensaciones. Mis principales herramientas aquí son mi imaginación y mi razón. En mi realidad pueden existir cosas sin correspondencias con la realidad, pero es raro que se de el caso contrario.

De “mi realidad” a “la realidad” puede producirse una manifiestación, pero solo en ese sentido. Es decir, cosas que existen en mi interior pueden manifestarse en el exterior. Mis ideas de inventos pueden ser sacadas como objetos reales si yo los construyo. Y no solo eso, sino que nuestra realidad interior puede influir en nuestra forma de ver la exterior (nuestras actitudes y pensamientos son distintos del vecino).

Lo curioso de este asunto es que, según mi teoría, cada cual vive en dos realidades, pero solo compartimos una. La otra es personal e intransferible, perteneciente a cada uno. Y, por si fuera poco, de esa realidad subjetiva podemos obtener ideas y manifestarlas en la otra realidad, así como mecanismos (actitudes) que nos hacen ver la realidad de otra forma.

¿A dónde me lleva todo esto?

Realmente, no lo sé.


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FAQ + Índice: Todos Filosentes

escrito el 12 de Febrero de 2010 por Filosente en Todos Filosentes

Como me gusta iniciar las cosas con buen pie, aprovecho y, como excepción, hago entrada doble hoy (si, no has visto la otra…) para explicaros un poco más de que va el “Todos Filosentes”.

Básicamente, es una propuesta que os hago de que me dejéis reflexiones filosóficas sobre lo que queráis. Se acepta cualquier tema.

¿Cómo me las podéis enviar? Pues por e-mail a filosente@hotmail.com.Simplemente, ponéis de asunto “Todos Filosentes” y dentro del mensaje lo que queráis más vuestra reflexión. Eso si, hay que tener en cuenta unas cosillas:

1) Identifícate. Usa motes, nicks extraños, secuencias númericas, medidas… Pero haz el favor de darme alguna seña de identidad. No queremos que el omnipotente Anónimo se lleve más méritos no merecidos.
2) Todo lo que envíes y se publique se verá por triplicado. Es decir, será puesto en Filosente Blogger, Filosente Aprender a Pensar y Filosente Pkstation.
3) Mejor con buena ortografía. Ya bastante le sangran los ojos a los internautas con las redes sociales para que se los fastidiemos mal.
4) Las reflexiones no tiene por que ser…
- En PC: si escaneas el trabajo que le entregaste ayer al profesor de filosofía y tu letra se entiende, lo pasaré a PC o lo dejaré en foto, según me digas.
- Largas/cortas: si tienes ganas de escribir, no te cortes. Si tan solo es una frase que trata de hacer pensar, también vale.
- Sobre algo publicado ya en Filosente: cualquier temática es cualquier temática. Si quieres hablar de algo ya publicado dando un punto de vista seguramente mejor argumentado que el mío, adelante. Si es algo novedoso, ¡envíamelo!
5) Respeto: aunque no me pienso responsabilizar de ninguna opinión vuestra, no estaría de más que guardaras cierto respeto al escribir.
6) Diviértete: ¿quién dice que el hacer filosofía tenga que ser aburrido? Habla de temas que te gusten y como te guste y verás lo que digo. ¿Por qué crees que llevo ya cuatro meses de blog?

Para acabar, dejo un índice con todas las reflexiones que me habéis envíado:

Índice de reflexiones
Ninguna de momento.

Y recordad: aunque haya gente que crea no poder hacer filosofía, todos podemos, al menos, intentarlo.


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Felicidad y ser feliz

escrito el 9 de Febrero de 2010 por Filosente en Filosofía

- Si le pudieras pedir un deseo a un genio… ¿qué sería?
- Ser absoluta y eternamente feliz.

Con estas “verbas” (¡vivan las gallegadas!) de mi camarada Zosken Kosen empiezo la entrada de hoy sobre la felicidad.

Como siempre, Kosen me la ha liado. Me he pasado por su blog en PKS (tenéis en enlace en su nombre, más arriba) y me he encontrado con una entrada filosófica sobre la felicidad. Y claro, como no, mi cerebro tenía que ponerse a “pensar” y decidir que él también tenía una definición de felicidad… Y no os lo perdáis, que fue la muy jo…robada de mi materia gris y le manda a mis dedos escribir un comentario y una entrada filosóficas sobre el tema… ¡EL MISMO DÍA!

Fuera bromas malas, me gusto bastante el enfoque que le dio a la felicidad. Para los que no queráis leeros su entrada entera y en un vil intento de reducirle visitas os pongo aquí como la catalogó él: la felicidad es un sentimiento relativo y subjetivo de cada persona marcado por las circunstancias del pasado, y sobretodo, del presente.

Sigo diciendo que me parece una afirmación con cabeza, pero se me ocurre otro enfoque: no definir la felicidadcomo sentimiento. Creo que se puede diferenciar el sentimiento “estar feliz”, que es un estado anímico, de la felicidad, que la considero una “posesión”,una posesión abstracta,que se puede obtener e, incluso, medir. Obviamente, tú nunca le dirás a nadie “¿cuantos metros eres feliz?”, pero no es tan descabellado decir que te sientes más o menos feliz. A mi me puede alegrar, me pueda dar felicidad, por ejemplo, que mi blog reciba 200 visitas a la hora [S]actualmente solo son 199 v/h[/S], pero me pondría más feliz recibir el doble o el triple.

También variaría lo de “marcado por circunstancias del pasado y el presente”. Lo que más te va a influir es el presente y el pasado más reciente. Bien cierto es que un suceso triste te puede entristecer y un suceso alegra te puede aportar felicidad, pero obviamente te influirá más en el momento en que te ocurra.

Es decir, que yo, personalmente, definiría felicidad como una “posesión abstracta que provoca un sentimiento de alegría y bienestar, relacionada de forma directa con los sucesos más recientes y marcada, de forma menos determinante, por otras condiciones, como puede ser el pasado más lejano”. Y además, le añadiría: “el hombre busca esta posesión como bien último y razón final de su existencia terrenal”

Aunque bueno, bien se sabe que, en Filosofía, todos tenemos el beneficio de la duda (de dudar que se equivoca el vecino) por aquello de que hay tantas filosofías como Filosentes y Filósofos.


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Piensa en positivo

escrito el 7 de Febrero de 2010 por Filosente en Filosofía

No es cosa buena desconectarse totalmente de la realidad, pero tampoco es prudente hacer caso a todo lo que percibimos con nuestros sentidos.

Con la lección de filosofía de hoy aún fresca, quería hablaros de un pensamiento filosófico que me ha resultado bastante particular: el positivismo.
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Recopilación: el conocimiento

escrito el 6 de Febrero de 2010 por Filosente en Filosofía

Estos días no he podido escribir mucho porque he estado muy ocupado. De hecho, escribir esto me ha llevado dos días, de ahí que ayer no escribiera nada. Os lo dejo para que opinéis.

Lunes 8. Esa es la fecha clave, en la que dispondré de 50 minutos para demostrar que he estado atendiendo todo lo que va de curso en clase. Y es que ese día tendré que hacer, en menos de una hora, un trabajo expresando mi opinión acerca del tema central de la evaluación pasada: “¿Qué puedo saber? El conocimiento”.

Como borrador me he decidido a escribir una entrada en Filosente. Será bastante más seria de lo normal eso es, sin usar tachaduras, así que aviso, que el que avisa…

En fin, allá vamos con el conocimiento

Normalmente, el clase solemos tratar temas que, siendo más o menos concretos, tienen una esencia sencilla de captar y en la que te puedes basar para construir tus teorías. Sin embargo, este no es el caso. ¿Cómo voy a resumir todo lo que he dado de filosofía en uno o dos folios y en 50 minutos?

Me parece que lo más sencillo para empezar es definir el conocimiento. Según la Wikipedia, es un “saber que se consigue mediante la experiencia personal, la observación o el estudio”. Podríamos decir que tú conoces algo cuando, tras observarlo, experimentarlo o estudiarlo.

Sin embargo, me parece que esta definición abarca poco. Quiero decir, esta definición es claramente empirista. Me sé de un filósofo griego cuyo nombre empieza por “A” y acaba por “s” que estaría totalmente de acuerdo con esa definición, aunque otro conocido como Platón estaría totalmente en contra. El pensaba que las cosas las conocemos antes de nacer debido a que nuestra alma provenía del mundo de las Ideas, donde pudo conocer la Idea de todo…

Y eso no es todo: esa definición no concuerda con lo que, para mi es conocimiento. Ahora bien, ¿qué es para mi el conocimiento?

Esta pregunta creo que es bastante importante. Para mi es el conjunto de datos acerca de algo, existente o no, que obtenemos con la ayuda de nuestra razón, nuestra imaginación y nuestros sentidos.

Ya sé lo que es el conocimiento. Ahora, la pregunta es: ¿qué puedo conocer? ¿Cuánto puedo conocer?

Yo creo que los seres humanos tenemos potencial para conocer cualquier cosa. ¿Por qué? Básicamente, por uno de los elementos que conforman, para mi, las formas de obtener conocimientos: la imaginación. La imaginación tiene infinitas posibilidades de crear nuevas ideas y, en mi opinión, ningún conocimiento debería ser considerado incorrecto hasta que se haya probado su erroneidad. Además, incluso en caso de que sean conocimientos inexactos, errónes y puedan causar daño, es importante conocerlos para evitar los efectos negativos de ignorarlos.

En cuanto a la cantidad de cosas que podemos conocer, creo que van a estar delimitadas más que nada por varios factores, como pueden ser donde y como vivimos, nuestra religión, nuestra forma de pensar, el tiempo que vivamos… Generalmente, una persona de mentalidad abierta, que por su clase social tenga la oportunidad de viajar mucho y sea feligresa de una religión no fanática podrá conocer más cosas que una persona que sea justamente al contrario.

Dos elementos importantes de la cantidad de cosas que puedo saber son la duda y el asombro. Si yo me quedo asombrado por algo que veo, normalmente será porque no lo puedo explicar, lo cual provoca en mi una duda. Al tener una duda, lo normal es tratar de solucionarla, lo cual te llevará a un saber nuevo. Como decía aquel viejo proverbio que me recordó mi profesor de filosofía “Gran duda, gran iluminación. Pequeña duda, pequeña iluminación. Ninguna duda, ninguna iluminación”.

Una pequeña mención a la expresión “saber de más”: nunca sabes de más en relación con tus intereses, pero puede que, a veces, conozcas de cosas que otros preferirías que no supieran. No te limites a saber nada cuando tienes la oportunidad de conocer un poco.

Vale, ya hemos dicho qué es el conocimiento, qué puedo saber y cuánto puedo saber.  Ahora, otro punto importante: ¿cómo puedo conocer cosas?

Arriba comenté dos puntos importantes para responder a esta pregunta. Para empezar, creo que podemos llegar a conocer cualquier cosa por nosotros mismos, aunque a la humanidad le interesa que cada persona descubra la mayor cantidad de cosas nuevas posible. De ahí que muchos de los conocimientos que obtenemos provienen de otras personas: padres, profesores, amigos… De todas formas, yo me quiero centrar en lo como puede llegar a conocer cosas una persona por uno mismo.

Ya he mencionado arriba que, para conocer u obtener conocimientos, creo que la imaginación juega un papel importante. La posibilidad de poder crear miles de hipótesis de forma sencilla es algo de un valor tan enorme que no lo valoramos. Cierra los ojos y deja volar tu imaginación una tarde entera y es posible que llegues a conclusiones que, de otra forma, te costaría alcanzar.

Pero obviamente no vivimos solo de ilusiones y tendemos a querer comprobar nuestra ideas. Para ello tenemos a la razón y a los sentidos.

Los sentidos nos permiten relacionarnos con lo que nos rodea y con nosotros mismos. Tacto, gusto, oído, olfato y vista nos ayudan a percibir nuestro cuerpo y nuestro entorno. Con esas interacciones conseguimos información que tendemos a dar por cierta sin plantearnos, si quiera, que ese material que recibimos de fuera está distorsionado. Y es que aquí coincido con Kant al pensar que tenemos mecanismos que adaptan la realidad a unas forma que tenemos de percibirla, pero no considero, como él, que tenemos algunos fijos. Yo creo que esos mecanismos (a los que podemos llamar “prejuicios”) son variables y modificables a lo alrgo del tiempo. Por ejemplo, supongamos que yo ahora pienso que todo los ancianos son inútiles (no es el caso, pero me parece ilustrativo ya que hay gente que piensa así). Cada vez que vea a un anciano, mi mente pensará en una persona inútil, aunque puede resultar que ese hombre tiene un doctorado en lo que sea y una fuerza con la que es capaz de levantar a una vaca. Sin embargo, es probable que cambie de idea si un día un jubilado me salva la vida.

Bueno, entonces tenemos la imaginación, que nos permite crear hipótesis e ideas de cualquier tipo y cuyo potencial es ilimitado y los sentidos, que nos permiten relacionarnos con nuestro entorno. El otro método para conocer es, para mi, la razón.

La razón se alimenta de lo obtenido por las otras dos (estímulos de los sentidos e hipótesis de la imaginación). También tiene esos “mecanismos” o ideas preconcebidas en cuanto a la obtención de material sensitivo.

La función de la razón es trabajar con esos dos materiales para dar forma a teorías. Es decir, nosotros tenemos una idea (la “imaginamos”) y, con el material del exterior, le damos forma a una teoría (o construcción mental/racional). Esas teorías nos permitirán ampliar o mejorar los mecanismos que tenemos para percibir el mundo y nos dan nuevas bases para dar rienda suelta a nuestra imaginación. La razón depende de los sentidos y la imaginación para existir y sentidos e imaginación requieren de la razón para abrir nuevas fronteras.

Qué es el saber, qué puedo saber, cuánto puedo saber y cómo lo puedo saber. ¿Qué más podría mencionar? Pues… ¿qué valor tienen los saberes? ¿valen todos los saberes lo mismo?


Para mi, no todos los saberes tienen el mismo valor, pero todo saber vale algo, es decir, no existe ningún saber prescindible. Obviamente, le daré más valor a un saber que me permita salvar una vida que otro que me ayude a conocer la dirección a la que he de girar la llave para abrir la puerta de la casa del vecino. Sin embargo, como mencioné arriba, ningún saber debería ser descartado. Es decir, puede que yo sepa como matar a alguien en menos de tres movimientos, pero quizá el no saberlo acabaría en mi muerte por no darme cuenta de que el hombre que tenía delante en aquel callejón oscuro quizá no estuviera bailando una danza oriental.


Además, y esto como hipótesis que me he imaginado hace poco tras leer algo de las teorías de que todo tiene su contrario, se me ocurre que cada saber tiene otro que sirve para negarlo. Es decir, yo puedo saber como encender el ordenador y saber como apagarlo. Al igual que si se como dañar a una persona, es posible que exista un saber que me permita halagarla. Lo mismo sería equivalente para el caso de arriba: puedo saber matar a alguien en tres golpes y, gracias a ese saber, conocer la manera de defenderme de ese ataque.

Para darle un valor a un saber, me voy a basar en una teoría que creo que también era kantiana, y es pensar en cuanto bien y a cuanta gente haría ese saber puesto en práctica. Cuanto mayor bien haga y cuanta más gente lo disfrute, mejor será. Cuanto mayor mal haga y a más gente pueda resultarle perjudicial, peor será.

Bien, la verdad es que me ha quedado bastante extenso… Sería bueno hacer un pequeño esquema para acabar.

Conocimiento
- ¿Qué es?: el conjunto de datos acerca de algo, existente o no, que obtenemos con la ayuda de nuestra razón, nuestra imaginación y nuestros sentidos.:.
- ¿Qué puedo conocer?: cualquier cosa. Mi imaginación tiene potencial ilimitado para mostrarme cualquier conocimiento.
- ¿Cuánto puedo llegar a conocer?: esto dependerá de factores como las dudas que te plantees, tu mentalidad, el tiempo que vivas, etc.
- ¿Cómo puedo conocer?: aunque otra gente puede enseñarte cosas, cada persona tiene el potencial necesario para aprender cualquier cosa por si mismo gracias a tres cualidades que poseemos: racionalidad, imaginación y sensibilidad (relacionada esta palabra con los sentidos). Las tres son dependientes las unas de las otras para funcionar.
- ¿Valen todos los saberes lo mismo?: no. Sin embargo, los saberes siempre valdrán algo (aunque sea para tratar de evitar que ese saber haga daño por ignorancia del mismo?
- ¿Qué valor tienen los saberes?: dependerá del bien que haga y a cuanta gente se lo haga.

Para acabar, una última pregunta: ¿sabes la cantidad de tiempo que has perdido leyendo esto?


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Antifilosofía (o Erisofía)

escrito el 2 de Febrero de 2010 por Filosente en Filosofía

Todo lo existente tiene su contrario, que trata de destruirlo al coste de su propia existencia.

Como de costumbre, inicio mi artículo con una pequeña frase que define la idea principal de lo que quiero contaros. Hoy toca hablar de una de mis teorías personales, descabelladas e intransferibles por menos de 100000€: la Antifilosofía.
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